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Mi cámara compacta perfecta, la “cámara áurea”

Posted in Fotografía - Opinión on 01/09/2016 by juancmmartin

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A lo largo de los años que llevo inmerso en la pasión por la fotografía, tanto colaborando con medios especializados, analizando/probando cámaras de todo tipo, plasmando parte de estos trabajos en mi blog, como capturando miles de imágenes que he ido seleccionando y publicando en mi web, he llegado a la certeza de que la creatividad y técnica del fotógrafo es determinante, muy por encima de la cámara que utilice. Esto ya lo comenté en mi artículo “La fotografía es cosa de dos” en este blog. Con una buena base técnica y creatividad, basta la cámara de un smartphone o una compacta para lograr resultados muy satisfactorios, sin la necesidad de cargar con grandes y pesadas máquinas, sólo justificadas en trabajos profesionales específicos. En algunos países ya se publican en la prensa fotografías y vídeos capturados con modernos smartphones, e incluso prestigiosos fotógrafos han realizado exposiciones en estas mismas condiciones, lo que viene a demostrar lo que estoy indicando.

Se dice que el “número áureo” es la máxima perfección, el que determina la proporciones ideales, la extrema relación diseño/prestaciones. Pues bien, sin ser pretencioso, simplemente quiero hacer un planteamiento de la búsqueda de lo que sería para mi la “cámara compacta perfecta”, mi “cámara áurea”, con la cual me transportaría a un estado de “felicidad fotográfica”. Lógicamente, para este trabajo me planteo combinar elementos y diseños de cámaras ya conocidas que han pasado por mis manos para su análisis y realización de pruebas completas, con cuya información y experiencia puedo estar seguro de que esta máquina sería para mi, y para más gente, lo suficientemente buena de usar/transportar en cualquier momento y circunstancia y trabajar con discreción, todo ello con unos resultados óptimos. Me refiero a que esta cámara ha de ser compacta, mejor aún ultra compacta, para ir siempre “ligero de equipaje” y poder trabajar con la suficiente discreción como para pasar desapercibido, o casi, en todo momento, fusionando la máquina con la palma de la mano, siendo parte integrante del fotógrafo, el “todo en uno”.

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Me voy a centrar exclusivamente en dos cámaras que conozco bien, analizadas en este blog, y que combinando su diseño y tecnología me daría como resultado mi pretendida y soñada “cámara áurea”: Casio Exilim V8 y Sony DSC-TX9. Ambas máquinas dan muy buen rendimiento, la Casio Exilim V8 desgraciadamente no tuvo posterior desarrollo (es inexplicable por parte de Casio, pues en mi opinión es la mejor cámara creada por esta marca), mientras que la Sony DSC-TX9 si ha evolucionado al modelo DSC-TX10, pero considero desmesurada la resolución de su sensor pasado de 12 MP a 18 MP con el mismo tamaño físico, siendo más sensato el sensor de la DSC-TX9. De hecho, los 8 MP del sensor de la Casio Exilim V8 es más razonable, con mejor relación resolución/tamaño. A lo largo del artículo iré razonando el porqué de esta combinación de elementos de diseño o técnicos, y mi elección por los de una u otra cámara a efecto de lograr mi “cámara áurea”.

También quiero resaltar que hoy en día el desarrollo de las cámaras compactas, o ultra compactas, ha sido frenado en seco, incluso abandonado por la mayoría de las marcas, en base a las mejoras notables de rendimiento de las cámaras digitales de los smartphones, aunque estos últimos dispositivos tienen una asignatura pendiente vital en mi opinión: carecen de zoom óptico, tema que traté ya en mi anterior artículo. Los fabricantes de cámaras fotográficas se guían pura y duramente por las cifras de beneficios y en este caso he de decir que, de haber adecuado las cámaras compactas a las nuevas tendencias, podrían convivir perfectamente con los smartphones, salvo que estos últimos logren algo tan simple como dotarlos de zoom óptico de tipo periscopio y de un manejo más “fotográfico”, ahora sigue siendo muy anárquico y poco cómodo, al menos para los que nos consideramos fotógrafos. Los diseños de los dispositivos se deben adecuar al fotógrafo, y nunca al revés, como pretenden los fabricantes. El cliente es el que paga y es a él a quien hay que satisfacer.

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Igualmente hay que considerar que el firmware de esta nueva generación de cámaras digitales “áureas”, se debe ir actualizando y perfeccionando tal y como se hace con los smartphones, no abandonando las marcas a sus clientes, como es habitual hoy en día en la mayoría de los casos. Se cesa un modelo de máquina y con ella muere su desarrollo… ¿porqué cambiar una buena máquina simplemente para satisfacer a los beneficios de los fabricantes? No es muy ética la postura de las marcas en este sentido, y gracias a sus magníficos departamentos de marketing/publicidad juegan con la ilusión de los consumidores para que vayan cambiando sus dispositivos constantemente, olvidando la gran calidad y validez de algunos de ellos. Prueba de lo que pienso está en que para “soñar” con mi “cámara áurea” cuento con dos modelos ya cesados en el mercado, pero no por ello dejan de ser magníficos y utilizables a lo largo de los años, al menos hasta que no se averíen. La Casio Exilim V8 es de enero del 2008 y la Sony DSC-TX9 es de julio del 2010, manteniéndose como muy válidas y eficaces en su cometido fotográfico.

Cuerpo: Sin duda alguna me decanto completamente por el de la Casio Exilim V8, es perfecto en todo, mientras que el de la Sony DSC-TX9 es demasiado plano/pequeño y se sujeta/maneja peor. Es muy compacto y ligero (96x60x25 mm, y 199 g incluyendo accesorios), realizado masivamente en metal, con unas líneas suaves y perfectamente acabadas. La tapa delantera luce el rótulo “EXILIM” con orgullo, y tras moverla suavemente deja a la vista la lente delantera del objetivo de tipo “periscopio” (no emergente), y a su izquierda la unidad de flash integrada. En el frontal también se encuentran los dos micrófonos (sonido estéreo), junto con un potente LED que hace las veces de iluminador extra para la captura de imágenes, auxiliar para el sistema de enfoque AF, y avisador del autodisparador. Esta tapa oficia también de interruptor general de la cámara que, tras años de utilización, se mantiene suave y sin fallo alguno. Referente a la pantalla trasera si elegiría la de la Sony DSC-TX9, aunque sin la función de ser táctil (más incómoda de manejo y más frágil) y a ser posible con tecnología OLED (mejor visibilidad con fuertes luces externas), con un tamaño de 2,5″ (no cabría otro mayor en este cuerpo) y 921,6 KP de resolución, con el 100% de cobertura real de la escena, y disponiendo de ajuste de la luminosidad (manual y automático). Esta pantalla está bien protegida frente a golpes o roces, y los mandos generales, todos físicos (no táctiles) son muy suaves y precisos, además de estar perfectamente distribuidos. En la Exilim V8 no hay botón “rojo” (grabar) y “verde” (reproducir), sólo el segundo, pues el primero ha sido sustituido por la tapa protectora, muy eficaz y que simplifica la puesta en marcha de la cámara.

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Arriba está el botón disparador, muy suave funcionando. En un lateral se encuentra la tapa abisagrada de acceso a la batería y a la tarjeta de memoria. Y en la zona inferior está el conector especial para la base, y la rosca para el trípode. Nada más, un diseño óptimo y depurado y con gran belleza minimalista. Todos los mandos de la V8 son muy suaves, con magnífico tacto, estando colocados muy ergonómicamente. Sólo se echa en falta el botón “EX” de la Casio Exilim Z750 y Z850, que permitía rápidamente acceder a los ajustes más significativos de la cámara. En un modelo con modos manuales y automáticos, este botón sería de gran ayuda, evitando tener que entrar en el menú general de la cámara, aunque esté perfectamente estructurado y sea muy intuitivo. El color del cuerpo ideal es el plateado, menos susceptible de apreciarse la suciedad y las huellas de los dedos.

Objetivo: En este apartado haría una combinación entre la óptima calidad de las lentes Carl Zeiss Vario-Tessar de la Sony DSC-TX9 (aunque la óptica de la Casio Exilim V8 es magnífica) y la potencia del zoom de la Casio Exilim V8 (7x de la V8 frente a 4x de la TX9, es decir, 38-266 mm contra 25-100 mm), quedándome también con la mejor distribución de diafragmas de la Casio Exilim V8. Es de tipo “periscopio”, con 12 elementos en 10 grupos (4 lentes asféricas), gama de distancias focales de 38-266 mm (7x), y luminosidad F3,4-F5,3 (diafragmas máximos F9,2-F13,0). El macro mejor es el de la TX9, que funciona desde 1 cm hasta los 50 cm reales (enfoque normal de 50 cm a infinito), contando con enfoque automático AF (sumamente rápido y eficaz), manual, e infinito fijo. En posición macro, y si la distancia supera los 50 cm, la cámara pasa automáticamente a modo automático AF, para lograr siempre un enfoque perfecto. A esto hay que sumarle que el zoom es totalmente progresivo, sin saltos predeterminados, por lo que su aprovechamiento es total dentro de su amplia gama focal. Esto último también es propio de la Casio Exilim V8, pues la Sony DSC-TX9 tiene un mando de zoom diminuto y con recorrido mínimo de la palanca, por lo que es difícil ajustar la posición deseada. El enfoque puede ser puntual y/o matricial. Este tipo de óptica “periscopio”, además de no ser emergente, permaneciendo siempre en el interior del cuerpo de la cámara, es menos susceptible a problemas por un golpe, o por la humedad y el polvo. Una vez perfeccionada esta tecnología, y debido a sus innegables ventajas, es el ideal para una cámara compacta digital, e incluso lo sería igualmente para los modernos smartphones.

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El sistema de estabilización de imagen es doble en el caso de la Casio Exilim V8, por una parte el electromecánico en la base del sensor, que se complementa con uno digital (DSP) que actúa sobre el nivel de la sensibilidad ISO. El primero es inocuo a nivel de resultados, es decir, ayuda a que la trepidación de la cámara no afecte en gran medida a la calidad de la imagen, y es recomendable llevarle siempre activado. El segundo se muestra eficaz, pero la sensibilidad ISO se eleva con facilidad a los 400 ISO, o más, para cumplir con su misión técnica. La imagen sigue siendo buena, pero degradándose ligeramente hasta los 400/800 ISO, y bastante más por encima de estos valores (en el caso de la Sony DSC-TX9, con sensor CMOS, funciona mejor a altas sensibilidades). Esta otra opción es aconsejable activarla en determinadas ocasiones, pero no de forma continuada, precisamente por este motivo indicado. En su conjunto, estas dos posibilidades son una gran ayuda para una cámara con un potente zoom, y que además es muy pequeña de tamaño, por lo que sujetar bien su cuerpo con una distancia focal larga, o bien luces bajas, es a veces complejo. Lo que no es recomendable es usar arbitrariamente el zoom digital complementario, ya que es una mera lupa electrónica que degrada (parcial, o totalmente) la calidad de la imagen, aunque llegue con ese 4x adicional a un teórico y llamativo 1064 mm, no obstante, recomiendo leer el párrafo que incluyo casi al final de esta prueba, respecto a este atractivo tema.

Sensor/Electrónica: En este apartado el dilema es muy complejo. La Casio Exilim V8 lleva sensor CCD, más fino de definición, pero con peor comportamiento desde los 400 ISO. El sensor de la Sony DSC-TX9 es un CMOS, muy bueno y que trabaja bien a altas sensibilidades. Por ello, me quedaría con el sensor y electrónica adjunta de la Sony DSC-TX9, aunque con todas las opciones funcionales de ajustes de la Casio Exilim V8, más homogénea y eficaz. El sensor es un Sony CMOS Exmor R, de 1/2,3″ (con ganancia de 2 puntos EV sobre los sensores convencionales), con una resolución real máxima de 12 MP (4000×3000 píxeles, en formato 4:3), y una densidad de 43 MP/cm2. Posiblemente bajaría la resolución a los 7,99 MP de la Casio Exilim V8 (3264×2448 píxeles, densidad de 33 MP/cm2). El eficaz procesador Bionz (Sony) es el responsable del optimizado control electrónico de la máquina. Los formatos admitidos son: 4:3 (estándar digital), y 3:2 (estándar analógico), a los cuales añadiría como imprescindible el formato 1:1 (cuadrado), ideal en fotografía.

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La velocidad de obturación va desde 1/800 de segundo (parece poco, pero es más que suficiente), hasta los 60 segundos (en modo manual, ideal para tomas nocturnas). La sensibilidad tiene un rango de 50 a 800 ISO (llega excepcionalmente a 1600 ISO, en el modo de Alta Sensibilidad), con un buen control de ruido en la imagen. El balance de blancos, además de automático, tiene 6 posiciones manuales de ajuste, las necesarias para la mayoría de las situaciones críticas de luz. La compensación de exposición permite +/-2 EV, con ajustes intermedios de 1/3 de EV. La medición puede ser puntual, matricial, o de seguimiento de un objeto en movimiento.

La V8 dispone de los programas: “Automático/Programado”, “Prioridad de Diafragma” (3 puntos de ajuste), “Prioridad de Velocidad” (48 puntos de ajuste), “Manual Total”, y “BestShot” de la marca (34 modos distintos), incluyendo el de corrección de paralaje, aunque con una salida de resolución de 2 MP, con el que cualquier toma puede quedar perfectamente rectangular en cuanto a la composición de líneas, muy útil en capturas de imágenes de documentos, que quedan perfectamente centrados en todos los sentidos. En el modo “Programado” la V8 va francamente bien para un uso general y sin complicaciones. La opción de “reconocimiento facial” automático es una de las sofisticaciones electrónicas de esta cámara, permitiendo enfocar perfectamente cualquier rostro humano, y optimizando los tonos de la piel, con memorización de los datos si se desea. Hay más opciones especiales, las cuales hacen que la V8 sea una pequeña caja de sorpresas para el fotógrafo. Muchas de ellas no se usarán más que puntualmente, pero siempre es agradable saber que están ahí a nuestra disposición.

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Grabación: Para el almacenamiento de información, fotografías, vídeos, o sonido, la V8 dispone de una memoria interna de 11,8 MB (la Sony DSC-TX9 tiene 32 MB, pero esto no es determinante), y ranura para SD/SDHC o MMC/MMCplus, incluyendo los nuevos estándares SDHC (SD de alta capacidad), y el MMCplus. Son los modelos de memorias más estándar del mundo multimedia, el cual eligió Casio desde hace muchos años, con gran visión de futuro en este sentido. La fotografías de pueden grabar en JPEG en 5 tamaños y 3 niveles de calidad/compresión (formatos 4:3 o 3:2, sería deseable también el 1:1), mientras que los vídeos pueden llegar a 848×480 píxeles y 30 fps (formato 4:3), permitiendo el uso del zoom óptico en todo momento (38-266 mm), así como la estabilización de imagen, y sonido en estéreo. La duración máxima de cada vídeo es de 10 minutos (en la UE), más que suficiente de una sola tirada, y con una capacidad global dictada exclusivamente por la memoria disponible en la tarjeta de memoria. La V8 graba con codificación “H.264/AVC”, formato MPEG-4, modo “You Tube” (el más usado en Internet hoy en día), y sonido WAV (estéreo), que permite vídeos 1,5 más largos de lo normal, conservando la máxima calidad. La Sony DSC-TX9 puede grabar Full HD (hasta 1920×1080 píxeles, a 50fps, y 17 MBps), incluso en 3D, en formato AVCHD.

Como sucede con la fotografía fija, que es editable y modificable en muchos aspectos en la propia cámara (acercándose al programa de edición de un ordenador, pero dentro de la cámara, y conservando la imagen original siempre), en el caso de los vídeos se puede también controlar su confección, pudiendo eliminar los fotogramas que no se deseen conservar, o bien extraer imágenes sueltas de un vídeo, para poder imprimirlas, por ejemplo. Hay que ver sobre la marcha las posibilidades de esta cámara, para darse cuenta de su auténtico potencial fotográfico en todos los sentidos, tanto en las capturas de las imágenes, como en la edición/corrección de las mismas. Como se puede apreciar, esta V8 estaba muy adelantada en su tiempo (enero 2008), siendo válidos todos sus planteamientos hoy en día, salvo no grabar vídeo el Full HD o en HD.

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Alimentación: En este apartado, igualmente me decanto por la Casio Exilim V8. Aunque existe un cargador externo e independiente de viaje (BC-40L), de serie la V8 lleva una elegante base sobre la que hay que colocar la cámara para la carga de la batería, así como para el traspaso directo de la información al ordenador. A nivel de impresión directa de la cámara con una impresora, sin necesidad del ordenador, es compatible con los formatos más estándar del mercado: PictBridge, USB Direct-Print, y Print Image Matching III.

La batería recargable de litio es la NP-50 (3,7 voltios y 950 mAh), permitiendo oficialmente 240 capturas de imagen en condiciones normales, según el estándar la CIPA. En mi amplia experiencia personal con este tipo de batería, la duración de la autonomía energética es más que suficiente, infundiendo gran seguridad para el usuario, aunque llevar una segunda unidad siempre es bueno con cualquier cámara digital.

Flash: La Casio se impone ligeramente por delante de la Sony en este apartado. La unidad integrada tiene un comportamiento honesto, muy similar al de la mayoría de las cámaras compactas, con una cobertura máxima de 2,6 metros (en gran angular), apoyado por un iluminador continuo si se considera necesario. La V8 ha desplazado el flash a 24 mm lineales del objetivo, lo cual siempre mitiga en gran medida el temido efecto de los “ojos rojos”. Dispone de los modos de trabajo: Auto, On, Off, Red-eye reduction. Lo cierto es que no se puede pedir más a un flash tan pequeño, no cabe uno mayor en un cuerpo de estas reducidas dimensiones, donde todo está muy bien proporcionado.

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Comunicaciones: Este es el punto donde las actuales cámaras digitales compactas están más desfasadas a nivel tecnológico. Las comunicaciones hoy en día son imprescindibles. Capturar una imagen conlleva en la mayoría de las veces el poder compartirla/publicarla en Internet o a otros dispositivos digitales. Ya no basta con conectar la cámara vía cable, o sacando la tarjeta de memoria y colocándola en un ordenador personal, para pasar las fotografías y/o vídeos. Ahora se precisa de la inmediatez de capturar la imagen (fija o en movimiento) y transmitirla/publicarla. Meter una tarjeta SIM en una cámara no es del todo lógico, aumenta el costo mensual del usuario con su operadora telefónica, el Bluetooth es lento con ficheros medios/grandes, por lo que el WiFi es el medio universal a utilizar, para interconectar la cámara que se está utilizando con un ordenador personal, cualquier dispositivo móvil, e incluso otra cámara digital. Ahora bien, todo esto supone un aumento notable del consumo energético, por lo que se deberá llevar algunas baterías más de recambio, debidamente cargadas, muy especialmente en salidas largas. Éste es el mismo problema que acusan los modernos dispositivos móviles (smartphones, tabletas, etc…), el WiFi, el GPS, y cualquier otro medio de comunicación es fuente de alto consumo energético, y en una cámara digital compacta no hay mucho espacio para colocar baterías de alta potencia, luego hay que tener varias adicionales para ir intercambiándolas según se vaya precisando.

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Prueba dinámica y conclusiones: El uso durante varios años de esta V8 me ha permitido apreciar sus grandes virtudes, y prácticamente muy pocos puntos a mejorar: macro deseable que fuera a distancias por debajo de los 10 cm, un botón de acceso rápido a ciertos ajustes, disponibilidad del formato de captura fotográfica de 1:1, y mejor comportamiento desde los 400 ISO a nivel de ruido en la imagen, en esto de la sensibilidad la TX9 es más efectiva frente al nivel del ruido en la imagen. Por ejemplo, si se trabaja con sensibilidades de 50 ISO, 100 ISO, e incluso 200 ISO, se puede usar parcialmente el zoom digital hasta un 2x (de los 4x disponibles), sin apenas merma de la calidad de imagen (a 50 ISO es inapreciable el efecto negativo), lo cual sitúa el tele a unos “teóricos” 532 mm (nominales 266 mm). Las ventajas son evidentes, poder subir hasta 532 mm en caso de necesidad con una cámara ultra compacta es una tentación que se convierte en realidad, no pasando de los 200 ISO, ni del 2x del zoom digital. Si se usa el zoom digital a su máximo 4x, la imagen se degrada, pero en una emergencia es utilizable. He llegado a visualizar desde muy lejos la matrícula de un coche, e incluso los datos del concesionario donde se compró (figuran en tamaño muy pequeño, bajo la numeración y letras de la matrícula), lo que da una idea del potencial de este zoom óptico + digital, que queda convertido en un “teórico” 1064 mm en una cámara con unas dimensiones tan reducidas. En estas circunstancias excepcionales, la cámara se debe mantener apoyada sobre base sólida para evitar trepidaciones y/o imágenes movidas.

Esta Casio es sumamente precisa a nivel telemétrico y fotométrico, especialmente si se ajusta en modo “puntual” ambos parámetros. Así, el control es absoluto por parte del fotógrafo, sobre todo si es experimentado. Por algo, la V8 es una cámara pensada para todos los públicos, por bajo o alto que sea el nivel técnico de quien la maneje, pues se adapta a todos ellos, siempre sacando buenas notas académicas… en el mundo fotográfico.

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El equipamiento de este modelo es bastante completo, como en la mayoría de las Exilim, con buen y amplio surtido de software (para fotografía, vídeo, y sonido), un completo manual en formato “PDF” electrónico (el manual en papel es breve, con lo más imprescindible), base especial de carga y transferencia de datos, cables, y correa de sujeción para la muñeca.

El poder de seducción de la V8 es innegable, máxime tras aflorar esa “quinta esencia” de la que dispone, aunando belleza y eficacia a un alto nivel. Aunque descatalogada, es un “objeto de culto”, siendo muy buscada incluso de segunda mano (si está en buenas condiciones). Recomiendo a quien posea uno de estos modelos de Casio, que no se desprenda de la joya que es la mítica Exilim V8. Salvo en la mayor calidad aún de la óptica, que en la V8 ya es muy buena, la TX9 tiene un punto ligeramente mejor con la firma Carl Zeiss en su diseño. También la TX9 dispone una mejor gestión del ruido en la imagen a media/alta sensibilidad por su sensor CMOS y el eficaz procesador Bionz, pero en general, la Casio Exilim V8 tiene un diseño y planteamiento general superior y más homogéneo.

Sinceramente, con un par de intercambios de la TX9 (lentes del zoom y sensor/procesador), además de una pantalla de más resolución, y añadir el formato 1:1 en la grabación de fotografías, la Casio Exilim V8 es una cámara por la que el tiempo no parece pasar, y según trascurren los años cada vez comprendo menos la política de Casio en no haber continuado con el desarrollo de este excelente producto, el mejor que conozco de su amplia historia. Por todo ello, mi “cámara compacta perfecta” o “cámara áurea” sería la Casio Exilim V8 con estos toques indicados detalladamente.

Ver fotografías capturadas con la Casio Exilim V8 (prueba)

Ver fotografías capturadas con la Sony DSC-TX9 (prueba)

Nota (1): Existe una última actualización del firmware para la Casio Exilim V8, Firmware v1.01, pero ya descatalogado también.

Hay que verificar la versión de firmware que posee la V8, pulsando el botón de “Menú” a la vez que se activa la cámara, desplazando el protector frontal del objetivo. Si es una versión anterior a la v1.01 (normalmente la v1.00), hay que proceder a su actualización, en el caso contrario, no hay que hacer nada.

Esta actualización se limita a mejorar el Balance de Blancos cuando se filma vídeo con la Casio Exilim V8, de manera notable. Siempre es recomendable tener actualizado el firmware de la cámara a su última versión disponible.

Nota (2): Accesorios para Casio en “www.Foto24.com” (todos los modelos).

 

Juan Carlos Martin Martin (juancm.martin@telefonica.net)
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Imprescindible innovación

Posted in Fotografía - Opinión on 06/08/2016 by juancmmartin

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Es innegable el inmenso avance de las cámaras digitales incorporadas a los smartphones. Día a día se perfeccionan a niveles incluso superiores a muchas cámaras digitales convencionales, e incluso equipararse a las de toque profesional, como es el caso del genial Nokia Lumia 1020, dotado de tecnología PureView, con 41 megapixel de resolución el sensor CMOS (tamaño 1/1,5″), y óptica Carl Zeiss (analizado en este blog: Nokia Lumia 1020). De hecho, algunos fabricantes han dejado de comercializar cámaras compactas ante la dura competencia que ofrece el actual smartphone. Una cámara digital llega a ofrecer WiFi y otros elementos de comunicación, pero nunca -por tamaño/peso- puede competir con un smartphone en cuanto a versatilidad. En el smartphone se puede capturar buenas imágenes, verlas/catalogarlas, editarlas de forma muy avanzada, y compartirlas/publicarlas directamente, sin necesidad de cualquier otro tipo de dispositivo electrónico/digital, y con mucha facilidad/comodidad. El gran público no desea llevar dos dispositivas encima, smartphone y cámara digital autónoma, por lo que se centra en un smartphone de calidad media o alta como único “compañero de viaje”.
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Pero nada es perfecto en el amplio universo mundo del smartphone, a pesar de su gran perfeccionamiento. Carece a nivel fotográfico de un elemento muy necesario: el zoom óptico. Si, dispone de zoom digital, pero la merma de calidad de imagen es notoria, incluso en dispositivos tan magníficos como el citado Nokia Lumia 1020. Han existido algunos intentos fallidos de algunas marcas, incorporando un zoom óptico de tipo emergente (el más generalizado), a todas luces ineficaz en un smartphone que requiere grosor mínimo del cuerpo. Es más, un objetivo con zoom emergente es muy vulnerable ante golpes, caídas, y entrada de polvo por las ranuras de su mecanismo de salida/entrada del grupo óptico, que acaba ensuciando el delicado sensor con el paso del tiempo.

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Personalmente, como fotógrafo, me alucina que ningún fabricante haya pensado y puesto en práctica/comercialización la incorporación de la óptica tipo periscopio en un smartphone. Sus ventajas son totales frente a la óptica de tipo emergente, no sólo en un smartphone, sino en cualquier cámara digital compacta. Ocupa poco espacio, es inmune en gran medida a los golpes y totalmente a la entrada de polvo hacia el sensor, y ofrece un rendimiento magnífico. Quizás sea una óptica ligeramente menos luminosa que la emergente, pero hoy en día este tema no es apreciable gracias a los enormes avances en plano electrónico/digital del procesamiento de las imágenes. Cámaras digitales como las Fujifilm serie “XP”/”Z”, Panasonic serie “T”, Sony serie “TX”, y las míticas Casio Exilim V7 y V8 (inexplicablemente desaparecida la gama “V” de Casio), llevan este tipo de óptica. Las he usado, y sigo usando, resultando sumamente cómodas y robustas, nunca me han fallado.

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El zoom óptico no tiene como misión “acercar” o “alejar” la escena a fotografiar, al menos no es así para el fotógrafo que sabe lo que tiene entre las manos, para eso están las piernas (acercar/alejar), aunque aparentemente parezca que ésta es su función para el gran público. No, el zoom óptico tiene la misión de variar las distancias focales del objetivo, permitiendo modificar la forma de “ver” la escena a fotografiar, desde un gran angular hasta un tele, pasando progresivamente por los puntos intermedios de estos dos extremos. Los cambios son muy significativos, el gran angular fijo que lleva un smartphone distorsiona la cara de la persona a fotografiar, no logra desenfoques selectivos, ni aislar elementos de forma cómoda y sencilla. Para todo esto se precisa un zoom óptico que disponga de una lógica gama de distancias focales. No hay que olvidar también otro punto flaco del smartphone en el plano fotográfico: la casi inexistente función macro. Con un zoom óptico se tiene de todo.

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Aquí facilito algunas imágenes de un zoom óptico de tipo periscopio (nombre dado por su forma y modo de funcionar). Sólo asoma en el cuerpo de la cámara la lente frontal, todo lo demás queda dentro del cuerpo del dispositivo, estando su grupo de lentes/mecanismos protegidos y estancos frente al polvo, la humedad, o el frío, y en cierta forma también frente a posibles golpes. Desde el inicio de esta tecnología hasta ahora, su perfeccionamiento es impresionante en todos los sentidos. Al final de este artículo facilito imágenes capturadas por mi con varias de estas cámaras digitales de Fujifilm, Panasonic, Sony, y las magníficas Casio Exilim V7/V8 (fotografías 14 a 27). Las dos últimas están sacadas con el Nokia Lumia 1020 (fotografías 28 y 29).

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Este sistema óptico de tipo periscopio podría ir transversalmente en la zona superior del cuerpo del smartphone, sin apenas representar un aumento significativo de la longitud/grosor del cuerpo, y por contra, convirtiendo al dispositivo en una completa herramienta fotográfica que se sumaría a la versatilidad de cualquier smartphone. Sin problema alguno, se podría disponer de un zoom óptico de 5x a 7x, aproximadamente, además de función macro. ¿Cuando los fabricantes comercializarán un dispositivo realmente “fotográfico” a gusto de todos los públicos y muy especialmente de los amantes de la fotografía?

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Juan Carlos Martin Martin (juancm.martin@telefonica.net)
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Las bondades de la estabilización de imagen

Posted in Fotografía - Opinión on 20/08/2010 by juancmmartin

No todo el mundo tiene buen pulso, y menos aún cuando maneja una cámara fotográfica en bajas condiciones de luz, o con un teleobjetivo potente. Esto se ha complicado más aún con las cámara digitales ultra compactas, en las que su peculiar forma de sujetarla para encuadrar -con los brazos extendidos- aumenta las posibilidades de que la imagen pueda salir movida, a pesar de la suavidad del botón disparador de muchas de ellas.

Desde la anterior era analógica, marcas como Canon ya solucionaba en gran medida estos problemas en sus cámaras réflex, aunque el complejo mecanismo de estabilización iba incorporado en determinados y específicos objetivos de alta gama, sumamente caros. Pocos fabricantes la siguieron en aquella tarea hasta que llegó la nueva era digital. Una de las marcas que se involucró pronto en la ventaja técnica del sistema de estabilización de imagen fue Panasonic, en su etapa ya de matrimonio consumado con la mítica Leica. Inicialmente se ofreció este “invento” en los modelos de potente zoom, por sus lógicas necesidades al respecto, y con unos resultados evidentemente casi mágicos. Poco después, la marca japonesa extendió su magnífico sistema “MEGA O.I.S.” a la mayoría de sus cámaras, incluso a las ultra compactas.

El sistema “MEGA O.I.S.” (ahora POWER O.I.S.) es muy complejo, pero gracias a la precisión de diseño de Panasonic (conjuntamente con Leica) el resultado es muy positivo. El funcionamiento es mediante un minúsculo giroscopio electrónico que actúa sobre el grupo central de lentes del objetivo, a una velocidad impresionante, logrando que la imagen que llega al sensor (CCD o CMOS) esté perfectamente estabilizada en un elevado porcentaje de las situaciones. Es más, se puede tener siempre activado este sistema (es optativo su funcionamiento en la cámara), con luces altas o bajas, es lo mismo, siempre es positivo su resultado, y sin contraindicaciones.

Otra marca que se tomó muy en serio también el tema de la estabilización de la imagen fue Minolta, primero cuando era una marca independiente, y después lo continuaron en su etapa final como Konica-Minolta, tras la fusión de ambas compañías. No obstante, el diseño de esta tecnología es distinta a la ofrecida por Panasonic o Canon, pues el funcionamiento del sistema actúa sobre el posicionamiento del sensor (CCD o CMOS) que es menos problemático, sobre todo a nivel óptico. Se estrenó en su ultra compacta “X”, y después se extendió a su magnífica gama “Z”, equipada siempre con zoom muy potente. Finalmente, sus excelentes réflex digitales disfrutaron también de este gran avance técnico. En el caso de una réflex, es evidente que esta modalidad es superior a la seguida por Panasonic o Canon, pues el sistema está en el cuerpo de la cámara (en la base del sensor, con un mecanismo electromagnético de precisión), y no en cada uno de los objetivos a utilizar, lo cual unifica criterios, y se beneficia el bolsillo del consumidor. Otras muchas marcas que se unieron a este segundo sistema de estabilización de imagen, el más difundido en la actualidad.

(sistema electromagnético en la base del sensor)

Estos dos sistemas son mixtos entre electrónico y mecánico. Hay otros dos métodos íntegramente digitales, aunque su efectividad en lo referente a la imagen resultante final es menos patente. Uno de ellos actúa sobre el valor ISO de la sensibilidad, que se eleva por encima a veces de lo razonable, con lo que el ruido en la imagen lo acusa apreciablemente. El otro sistema funciona de una manera compleja sobre la imagen recibida en el CCD, analizando las filas y columnas de píxeles con una frecuencia rápida, por lo que cualquier movimiento es detectado, e intentado de corregir. Aparentemente logran su cometido de una manera más o menos precisa, pero la calidad de la imagen se resiente es diversos aspectos, al menos para los más exigentes en la fotografía. En estos casos, es mejor activar el sistema de estabilización de imagen sólo cuando es imprescindible. Estos dos procedimientos están comenzando a extenderse a numerosas marcas, pues son más fáciles de fabricar, y sus costes menores, como es evidente.

El mundo de la fotografía digital es muy competitivo, y lograr precios cada vez menores en los productos entraña elegir técnicas que a veces no son las más eficaces, pues los costes imperan en la mayoría de las veces sobre los resultados. No obstante, hay bastantes marcas que eligen uno de los dos primeros sistemas indicados, lo cual indican su gran solvencia tecnológica, y su miramiento en beneficio del consumidor, ávido de soluciones cada vez más perfeccionadas. Lo cierto es que, en este terreno, entre otros muchos, hay que saber elegir bien la cámara a comprar. Ahora bien, que nadie piense que los milagros existen, y un sistema de estabilización de imagen no es infalible, simplemente más o menos eficaz en circunstancias determinadas. Para personas con un pulso muy firme, muchísimas cámaras que no equipan esta tecnología funcionan a las mil maravillas, sabiéndolas usar tras un período más o menos largo de “intimar” adecuadamente con ellas.

Juan Carlos Martin Martin (juancm.martin@telefonica.net)

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El gran invento del firmware

Posted in Fotografía - Opinión on 16/08/2010 by juancmmartin

Cuando las cámaras fotográficas analógicas eran completamente mecánicas, las marcas debían depurar mucho los diseños, así como los procesos de fabricación, y no digamos su puesta a punto final. Cualquier fallo de importancia podía hacer tambalearse el prestigio y la economía de marcas de renombre, disparándose los costes por las numerosas y caras reparaciones a sus clientes para subsanarlos… no había otra solución posible.

Poco a poco, la electrónica fue reemplazando muchas funciones mecánicas de las cámaras, hasta niveles realmente impensables. Los costes de fabricación y de mantenimiento se reducían drásticamente para las marcas, y de paso para los consumidores. Es cuando nació el misterioso “firmware”, que no es más que un programa informático encargado de controlar toda la parte electrónica de un dispositivo, en este caso, de una cámara fotográfica. Inicialmente estaba grabado en una memoria ROM (chip), cuyo contenido era inalterable. Pero los fabricantes se dieron cuenta de que este firmware era un invento realmente importante, pues les permitía alterar el comportamiento de la cámara a su voluntad, corrigiendo errores de funcionamiento, e incluso potenciándola en diversos aspectos, sin manipulación mecánica alguna.

El firmware ya viene grabado en una memoria flash no volátil (no precisa alimentación para mantener los datos), y es manipulable en determinadas circunstancias, pero resulta delicado de cambiar, pues se tiene que escribir la nueva versión sobre la ya existente. Es un trabajo que ya puede realizar el usuario en su casa o trabajo, pero con sumo cuidado, pues si este proceso de actualización se interrumpe, o no se hace de manera correcta, la cámara tendrá que visitar un servicio técnico de manera inevitable. Por ello, inicialmente estos cambios no eran muy habituales, y de producirse, eran los técnicos de las marcas quienes los realizaban en sus talleres.

Con la llegada y masificación de las cámaras digitales, casi totalmente electrónicas, el firmware se ha convertido en moneda de cambio para los fabricantes. Debido a la premura por sacar nuevos modelos (cada vez con más frecuencia, quizás excesiva), las marcas apenas tienen tiempo para depurarlos debidamente, por lo que salen al mercado en algunos casos con deficiencias de funcionamiento. Pero no hay problema, al menos para ellas, aunque si para el consumidor, pues con cambiar el firmware las veces que haga falta… todo solucionado, quedando la labor de pruebas trasferida al usuario, en gran medida.

Todo parece un camino de rosas, pero no es así. Cada vez es más frecuente ver como prestigiosas marcas sacan versiones continuas del firmware de un nuevo modelo a los pocos días de comercializarlo, y lo que es peor, sin solucionar todos sus problemas de manera definitiva. Se originan bloqueos de las cámaras, comportamientos inexplicables, y una larga lista de inconvenientes… siempre para el consumidor. No obstante, y para mejorar la imagen de la marca, en algunos casos se disfraza la solución de algunos fallos con la indicación de que la nueva versión de firmware incluye potenciales mejoras realmente innovadoras… a veces, meras excusas. Somos humanos, pudiendo equivocarnos en nuestros hechos, y es bueno poder corregirlos, pero no hay que abusar del firmware como salida a actos precipitados.

Pero no quiero ser totalmente negativo, a pesar de la experiencia al respecto, pues algunos fabricantes son realmente honestos, tardan en sacar nuevos modelos al mercado para tener la certeza de su óptimo desarrollo y puesta a punto, y cuando ponen a disposición de sus clientes una nueva versión de firmware, ofrecen mejoras palpables en las prestaciones de la cámara. Este es el buen camino, es decir, utilizar el firmware como potencial de perfeccionamiento de una magnífica cámara en origen, procurando de esta manera mantenerla viva en el mercado durante bastante tiempo, pues en realidad no se pasa de moda por su tecnología y resultados, son algunos fabricantes los que les interesa jubilarla cuanto antes para vender más y más los aparentemente nuevos modelos. Es su negocio, pero va en contra del usuario en gran medida, y a la vez, en la del prestigio de una buena y responsable marca del mundo de la imagen. El firmware puede ser una herramienta celestial, o convertirse en algo diabólico, depende de quien y como se use.

Juan Carlos Martin Martin (juancm.martin@telefonica.net)

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La fotografía es cosa de dos

Posted in Fotografía - Opinión on 09/08/2010 by juancmmartin

Creo conveniente incluir este artículo de opinión en mi blog, pues contemplo en el mismo preguntas y respuestas que manejo casi a diario en las consultas que se me hacen, bien en este medio o por mensajes privados, lo cual servirá en mayor o menor medida a comprender algunos aspectos que no se tratan habitualmente, y que son de vital importancia para lograr unas fotografías lo más correctas posibles, que es en definitiva lo que todos buscamos.

En determinada ocasión recibí un mensaje en el que se me recriminaba hacer elogios sobre una cámara probada en mi blog, la cual poseía esa persona, y que a ella no le daba la misma calidad que a mi. Como es evidente, ambas cámaras eran iguales, pero no así los fotógrafos. También existe gente que mira las cámaras sólo por su estética o tamaño, incluso por la potencia del zoom, o bien porque la marca es deslumbrante a nivel publicitario, cuando todo esto tiene su relativa importancia.

Hoy en día disponemos de una herramienta poderosa, que no es otra que el Internet. En ella podemos encontrar infinidad de información de todo tipo, y en cualquier idioma. Pero lo cierto es que no existe regulación sobre la veracidad y/o la calidad de los contenidos, por lo que hay que tener sumo cuidado con lo que se selecciona, ya que puede confundir más que ayudar. Igualmente, cuando se va a un comercio en teoría “especializado” en fotografía, la base técnica de los vendedores no es la adecuada, o bien su misión es ofrecer lo que comercialmente les interesa a ellos, pero no lo que precisa el comprador.

A este gran galimatías hay que sumarle el marketing y la publicidad de las marcas, haciendo creer a la inmensa mayoría de los consumidores que las cámaras prácticamente funcionan solas, obteniéndose fotografías siempre maravillosas gracias a la “inteligencia artificial” de esas portentosas máquinas que se encargan de todo, mientras que el usuario sólo tiene que comprarla, cargar la batería, insertar una tarjeta de memoria, y apretar el botón… así de fácil, y así de imposible de cumplir estos sueños etéreos.

Bajemos al suelo que debemos pisar firme en todo momento, y razonemos un poco sobre este importante tema, pues nos jugamos el dinero de una cámara, incluso el de unas copias fotográficas en papel, y a desilusiones más o menos profundas, especialmente si no se consideran una serie de aspectos fundamentales. De una crítica constructiva siempre se aprende, y muy bien, bastando con ser personas sensatas que analizan la información correcta, y sin presiones publicitarias que enfaticen aspectos que después no se vayan a cumplir.

Como indico en el título de este artículo, la fotografía es cosa de dos, es decir, del fotógrafo y de la cámara que utiliza, y cuidado… en ese escrupuloso orden, quien piense lo contrario comienza por equivocarse. La creatividad e intuición de una persona es sumamente importante. Se nace con estos dones, aprendiendo a despertarlos en nosotros, o bien se suplen en parte con tesón y racionalidad. A ello hay que añadirle una base técnica sólida, aunque no es preciso que sea muy profunda, pues no todo el mundo se va a dedicar a esta profesión. Conocer las reglas básicas de lo que es un diafragma, la velocidad de obturación, la sensibilidad ISO, la distancia focal, o la profundidad de campo, por ejemplo, ayudará mucho a controlar a “la magia de la luz”, es decir, el medio para obtener una imagen correcta y fiel a la realidad que tiene ante si el fotógrafo.

También es cierto que la cámara debe darnos buenas vibraciones, es decir, ha de ser agradable para el usuario, y razonablemente sencilla de manejar, aunque no se le vaya a sacar todo el rendimiento que es capaz de ofrecer. No por comprarse la mejor máquina del mercado se va a conseguir los resultados óptimos en cada momento y circunstancia… la virtud está en el equilibrio, y ese estado de casi perfección es muy complejo de evaluar, aunque si que nos podemos acercar a su consecución, basta ser coherente con las necesidades reales de cada uno, no sólo en precio, sino en características técnicas. Cierto que si la máquina va algo sobrada de posibilidades, nos permitirá evolucionar en el caso de que la fotografía nos guste cada vez más… pero hay que pensarlo antes de meterse en un pantano de arenas movedizas… especialmente para el bolsillo.

Como siempre indico, una buena fotografía se compone de un 80% de creatividad/intuición/técnica del fotógrafo, y un 20% de la cámara que utiliza, y nunca al revés. Es más fácil dominar el funcionamiento de una máquina para conseguir una adecuada imagen, que no la cámara predomine sobre el fotógrafo en esta misión. Es decir, que la fotografía es cosa de dos, en mayor o menor equilibrio, puede considerarse casi una máxima… como si de una pareja o matrimonio se tratara. Hay que llevarse bien, mantener una buena armonía, y que el deseo del fotógrafo ante una escena determinada, la cámara la convierta sin titubear ni por un instante en algo real plasmado en un soporte físico, con la mayor perfección posible. Claro está, esta máquina debe ser fácil de manejar -por compleja que sea nivel técnico-, para que no nos reste concentración creativa, ni perdamos un valioso tiempo en complejos ajustes, lo que podría significar la pérdida de la imagen añorada, y en determinados casos… irrepetible.

Igualmente, la discreción de la cámara ayuda al fotógrafo, máxime desenvolviéndose en ciertos ambientes. Pasar desapercibido siempre es importante, y un equipo ligero y pequeño puede ser una baza vital en determinas ocasiones. Pero en todo esto, es complejo aconsejar sobre el equipo a utilizar, pues las necesidades pueden ser de lo más variadas. Aún así, hay que sopesar muy bien cada caso, recurriendo a lo que sea preciso.

Cuando se adquiere por fin la cámara, la lectura del manual es imprescindible, bien completo o como diccionario de consulta obligada. Cualquier duda o ajuste han de tenerse clarificados, pues no deben existir secretos entre el fotógrafo y su cámara. Hay que probar ajustes variados, observar los resultados, y analizar cual debe ser la parametrización correcta en cada circunstancia. Si se consigue tener la cámara bien ajustada, a nuestro gusto personal, todo irá mucho mejor. Muchas de estas parametrizaciones servirán para unos fotógrafos, pero para otros no, pues la manera de trabajar de cada uno de nosotros es muy diferente, y lo que a mi me resulta bien, a otra persona seguramente no. Ahora bien, en lo más básico si que puede haber un consenso, o bien, tras ver muchas imágenes y como están obtenidas, aprender personalmente sobre ellas. Siendo selectivos en este mundo tan saturado de imágenes, este procedimiento nos hará configurar mejor nuestro propio estilo de “ver”, de ser notarios de las realidades o ensueños que tenemos ante nosotros.

Para que esta pareja persona/máquina funcione bien, debe existir buena química entre el fotógrafo y su compañera, la cámara, sin secretos entre ellos (buena “intimidad” técnica), y que los ojos del uno, sean las manos del otro, de manera instantánea e intuitiva, pues la fotografía es cosa de dos, sin lugar a dudas.

Algunos ejemplos de imágenes, con comentarios, e información técnica de como están capturadas:

(pinchar en la imagen para ampliarla)

Foto 1: La importancia de controlar la profundidad de campo, con desenfoques selectivos marcados, dan un mayor protagonismo al elemento protagonista de la escena, difuminando perfectamente su entorno.
Diafragma = F4,5
Velocidad = 1/80 de segundo (tomada a pulso)
Sensibilidad = 125 ISO
Distancia Focal = 100 mm
Programa = Programado
Filtro = Color estándar
Cámara = Casio Exilim FC100 (compacta)

(pinchar en la imagen para ampliarla)

Foto 2: La fotografía arquitectónica debe ir acompañada de elementos adicionales (especialmente las nubes), que refuerzan la profundidad de campo de la escena, dejándolos presentes, pero sin restar protagonismo al edificio.
Diafragma = F5,6
Velocidad = 1/500 de segundo
Sensibilidad = 64 ISO
Distancia Focal = 28 mm
Programa = Programado
Filtro = Sepia (en origen, sin manipulación)
Cámara = Ricoh GRD (año 2005, compacta profesional)

(pinchar en la imagen para ampliarla)

Foto 3: Los reflejos son complejos de materializar en una fotografía, pero hay que procurar que lo reflejado se intuya, sin restar protagonismo al elemento principal de la escena, jugando una baza importante el diafragma y distancia focal elegidos, a efecto de lograr una profundidad de campo adecuada.
Diafragma = F4,9
Velocidad = 1/125 de segundo
Sensibilidad = 64 ISO
Distancia Focal = 50 mm
Programa = Programado
Filtro = Sepia (en origen, sin manipulación)
Cámara = Ricoh GX200 (compacta profesional)

(pinchar en la imagen para ampliarla)

Foto 4: El macro de un elemento sencillo debe ser pulcro de composición, con una luz ideal sobre el objeto principal, y un fondo que lo haga resaltar, sin distraer la mirada del espectador en el mismo. Con luces bajas es recomendable el uso de un trípode, o un firme apoyo para la cámara.
Diafragma = F5,6
Velocidad = 1/45 de segundo (tomada a pulso)
Sensibilidad = 320 ISO
Distancia Focal = 55 mm
Programa = Programado
Filtro = Color vívido
Cámara = Samsung NX10 (EVIL)

(pinchar en la imagen para ampliarla)

Foto 5: Es importante controlar las luces intensas, combinando fondos oscuros y difusos, enfatizando de esta manera el elemento protagonista de la escena. En esta ocasión, el color vívido se logra más fácilmente con una lectura “puntual” y de forma muy meticulosa, así como el enfoque con igual parametrización.
Diafragma = F5,2
Velocidad = 1/760 de segundo
Sensibilidad = 100 ISO
Distancia Focal = 200 mm
Programa = Programado
Filtro = Color vívido
Cámara = Ricoh R10 (compacta)

Nota: Estas cinco fotografías han sido capturadas con el sistema automático (“Programado”) de enfoque AF (modo “puntual”), y la exposición igualmente en modo “puntual”, para una mayor precisión de resultados. No es imprescindible disponer o usar modos manuales, cuando existe gran precisión en “Programado”, sobre todo con parametrizaciones de tipo “puntual” (fotometría y telemetría).

Juan Carlos Martin Martin (juancm.martin@telefonica.net)

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